Isaías 14:10, nunca pierdas la fe

14 de abril, 2021

Profeta Isaias rezando con sus manos juntas
Ernesto Redonet
Ernesto Redonet

CEO

Isaías 14:10 Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros?

Tabla de Contenidos

El libro de Isaías

El libro de Isaías contiene tanto prosa como poesías y utiliza personificaciones (atribución de cualidades personales a seres divinos o a objetos inanimados). Además, mucha de las profecías que aparecen en Isaías hablan al mismo tiempo de un acontecimiento que pronto sucedería y otro que sucedería en un futuro lejano. Este es el caso de Isaías 14:10. El ambiente histórico del ministerio profético de Isaías, hijo de Amoz, fue Jerusalén. Más específicamente, durante el reinado de cuatro de reyes de Judá: Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías. Su ministerio cubrió casi medio siglo de la historia de Judá. Se le considera como el más influyente y literario de los profetas escritores.

El propósito de este libro es hacer un llamado para que Judá regrese a Dios y hablar de la salvación a través del Mesías. Al leer el libro de Isaías, imaginamos un hombre de Dios fuerte y valiente que proclama sin temor la Palabra de Dios. Al escuchar su mensaje, identificamos la esencia del Evangelio para nuestras vidas: regrese, arrepiéntase y sea renovado.

Este capítulo, Isaías 14, es dedicado al reino de Babilonia. Un reino esplendoroso y poderoso. Se podría decir que era la potencia económica y militar más poderosa en ese tiempo. Se había expandido mediante conquistas por toda la región en la que estaba ubicado hasta alcanzar Israel. Aunque había conquistado Israel, no reconoció ni respetó el poder y la grandeza Jehová. Delante de los ojos de los hombres, este reino era muy poderoso y temible, pero no era agradable delante de los ojos de Dios.

 Babilonia tenía confianza total en su riqueza y poder. Debido a esto, no vacilaban para escarnecer al pueblo de Dios (Israel) que estaba bajo su mandato. Por lo tanto, rechazaban los preceptos divinos dados por Dios: Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás) (Salmos 49:6-8). Tanto ricos como pobres, sabios e ignorantes, débiles y fuertes son dependientes de la gracia de Dios para alcanzar la salvación. Las riquezas, el conocimiento y el poder son una vanidad del hombre. Esto no se tendrá en cuenta cuando dejemos este mundo terrenal, ya sea para condenación o salvación. Por tanto, nuestro anhelo debe ser buscar la aprobación de Dios más que la de los hombres.

La sombra de Satanás en Isaías 14:10

Por otra parte, este versículo, Isaías 14:10, también hace alusión a la caída de Satanás, cuando lo llama Lucero de la mañana. Al ser el ángel con más dones y agraciado delante de los ojos de Jehová, la soberbia se apoderó de él. Se convirtió en un ser que quería las alabanzas del Altísimo para sí mismo y quería ser reconocido como semejante a Dios.

Por lo cual, fue despojado de su divinidad y gracia por causa de su corrupción:

 En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran (Ezequiel 28:13-18).

Isaías 14:10 en nuestras vidas

Todos en algún momento de nuestra vida vimos a algún amigo sufriendo de abuso por alguna otra u otras personas más fuertes. Se aprovechan de sus cualidades y se creen capaces de herir física y mentalmente a individuos más débiles (en algunas ocasiones éramos nosotros mismos los abusados o los abusadores). Estas personas generan un estatus en su entorno social y laboral de un terror confundido con respeto. Quieren crear la ilusión de ser inquebrantables, autosuficientes y todopoderosos. La soberbia los consume. Sin embargo, como dice en Isaías 14:10, estás personas son débiles y lo mostrarán en algún momento. No obstante, no hay nada en esta creación que pueda permanecer eternamente mediante la soberbia. Este sentimiento antagónico al amor, que se genera por la maldad de los corazones (Marcos 7:21-23).

La soberbia en el ser humano

En el capítulo 14 del libro de Isaías vemos a personas con una actitud escarnecedora hacia los hijos de Dios. Incluso son capaces de endiosarse a ellos mismos. Se ponen una corona de soberbia. Se visten con violencia para hacerles frente a los cristianos. Debido a esa supuesta impunidad con que obran, son capaces de burlarse de Dios y cuestionar su existencia (Salmos 73). Aun siendo ellos así, es nuestro trabajo hacerles frente, pero sin condenarlos o guardarles rencor: Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra (Mateo 5:39).

¡Cuán peligroso es depositar nuestra confianza en un poder humano! Sin importar lo seguro o indestructible que parezca, puedes tener la certeza que algún día desaparecerá. Satanás, siendo un ser inmortal, se vanaglorió de lo que el mismo Dios le había dado. Llenó su corazón de soberbia y maldad. Jesús, siendo Dios mismo, nos dejó un legado de humildad y mansedumbre. Con su ejemplo, exhorta a sus hijos a tener esta actitud con todos, sin importar su condición económica, espiritual o social.

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios (Hebreos 12:1-2).

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